LOS LAMENTOS DE LA GAVIOTA

Paseando por ese margen fronterizo que es el encuentro del final de la playa con el inicio de los acantilados, me encuentro con la Gaviota. Vive entre la tierra, el mar y el aire, entre la seguridad del apoyo, el sustento y la sensación de libertad.

Cuando posa en lo alto de la roca oteando el mar, vigilando la tierra, adquiere una estampa de altivo farero.

Cuando entra en picado al agua y saca su ración diaria o se deja mecer por las olas, rememora al viejo marinero bregado en cien mil tempestades, curtido en otras tantas calmas chichas.

Cuando vuela entre los escarpados dejándose llevar por las corrientes que van y vienen de los acantilados a la playa y sin mover las alas planea cual maestro piloto, entiendes que no solo vuela si no que disfruta.

Todo es magnífico y sublime, hasta que rompe la armonía con sus graznidos. Un estremecimiento me recorre por dentro, al llegarme por el viento los sollozos que me recuerdan a criaturas pidiendo auxilio atrapadas entre las rocas sin poder salir de allí.

Pobre Gaviota, pobre de mí, los dos aparentemente lo tenemos todo, refugio, trabajo y autonomía y los dos nos lamentamos de nuestra jaula virtual, bella estampa para los demás.

(Natxo Barberena)

gaviotas

 

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